lunes, 22 de abril de 2013

Los Mayalde.





Los Mayalde.Decir algo más de esta familia de trashumantes de la música de raíz, después de tanto tiempo subidos a un escenario, no parece que vaya a descubrir nada nuevo. Ni para aquellos que los conocen de antiguo, ni para quienes recién terminan de saber de ellos. Para quienes los conocemos en el término medio y con pocos datos, salvo los de haberlos visto actuar en unas cuantas plazas y salir por la puerta grande en todas ellas. Alzados por los brazos y los vaivenes de un  público entregado a las danzas del norte y del sur, a los vientos y compases del este y el oeste. Como en un fantástico cuento de Oz que une todos los caminos de todas las periferias. Y no habla de magias su mundo, que bien tangibles se muestran sus realidades,  al ritmo de los utensilios, objetos y materiales más cotidianos, cotidianos en un ayer que acercan al instante en el que vivimos. Tienen sus espectáculos un eclecticismo de antigüedades muy sabroso, muy digerible y comprimido en el espacio, puede el espectador sentir emociones que lo trasladen desde las llanuras del neolítico hasta las bodegas de los sus bisabuelos. Abordan la música y la palabra como los actores del teatro griego y romano. Desde la tragedia al mimo con toda la carga de superstición espiritual y tangible del melodrama en el romancero de ciegos y pícaros. Se sitúan y sitúan al espectador en una suerte de rito iniciático que trasciende esta o aquella cultura. Oficiantes de una comunión de gentes de hoy con un pasado que se trasmite en la voz y los gestos rítmicos  que continúan la vida. 

Quizá sea mucho decir que el trabajo no es sino  la acción  necesaria para llevar a término cualquier empresa, y su empresa es cierta y elaborada, entretener manifestando aquello que es consecuente con lo que importa. Dicen, ellos: que al cantar,  en nuestras tradiciones, vivimos al menos tres veces, por aquellos que cantaron, por nosotros mismos y por los que cantarán nuestras canciones.  Emocionalmente no andan errados, vivimos las ilusiones y los sentimientos de quienes ya  las vivieron y aquí las dejaron para nosotros. Puede que no supiéramos recogerlas, e incluso en algún momento las despreciamos. Pero diremos en nuestro descargo  que no sabíamos lo que hacíamos. No nos habíamos parado a pensar en todo lo que de nosotros mismos y en nuestro auxilio tenían guardado estas enseñanzas. Mayalde lleva mucho sabiendo esto. Pilar, Eusebio, Eusebio, Pilar. Laura y Arturo. Los cuatro en presente de indicativo marchoso. Entre tinajas y bites.

jueves, 18 de abril de 2013

Del valle de Polaciones.


Amo las letras.
Escritas. Dibujadas. Pensadas.
Los abecedarios. Infantiles. Antiguos.
Las palabras. Dichas.
Los Diccionarios. Nuevos. Viejos. De autoridades. Temáticos. Telemáticos.
Los opúsculos. el Opus también tiene culo. Gramaticales.
Los libelos. En verso.
Los panfletos. incendiarios. Partidarios. Partidistas. Inamovibles. Sesgados.
Los vademécum. Ciertos.
Los pliegos sueltos. Pregonados.
Las hojas volantes. Apresuradas.
Las notas a pie de página. Citables.
Al margen. Inteligentes.
Las glosas. Precisas.
Los avisos al navegante. Leales.
A la comunidad. Científica. De propietarios.
Los libros de cuentos. Troquelados, ilustrados. Secos.
Los libros. Todos. ¿Todos?. ¿Mi Lucha.....?
los cuadernos. Clasificados. Pintarrajeados. Ordenados. Matemáticos.
Los álbumes de cromos. Deportivos. Para niñas. Para niños. Sin género.
Los catálogos. Recortables.
Las revistas. Chismosas.
Equis y griega y zeta. Ad infinitum.
Tus cartas. De amor.
En el papel y en la pantalla.
Amo las letras.





Mi amor a las letras, supongo, a la palabra en verso, a los romances y otras expresiones escritas, populares hace que pasen por mis manos algunas que pocos han visto. No es que eso me enorgullezca especialmente. Me satisface poder leerlas. No tiene la mayor importancia llegar el primero. Lo que importa es llegar. Y si me apuran ni siquiera. Lo que de verdad tiene sentido es emprender el camino.  Habrá sendas que por más que transitemos jamás nos llevarán aparte alguna. Pero mientras hayamos estado haciendo ese camino habremos estado vivos. No tiene objeto arrepentirse de no haber llegado. Se fue. No llegar no impide que las jornadas se terminen.  Cada llegada es el comienzo de una nueva andadura.

Gracias a Angelines una señora de Polaciones, valle de Cantabria, ha llegado  hasta mí este librito de Poesías de un purriego que en el año veintiuno del siglo pasado, emprendió viaje a Cuba. Titula así sus versos: “En mi viaje a América en el año 1921.”  POESÍAS de Francisco de Cossio Gómez. De Puente Pumar POLACIONES. (Santander).

Partía del puerto de Santander a las cuatro de la tarde del 19 de enero de 1921, en el vapor “Reina María Cristina”. Cuyo final de la singladura era el puerto de Veracruz en Mexico.  En él desembarcaría “tras veintiséis días en el mar”.

“Del valle de Polaciones,
provincia de Santander
he salido y voy a ver
si escribo cuatro renglones.”

Es toda una declaración de principios.  Obviando que hoy no hay una provincia que se llame Santander si no una comunidad autónoma denominada Cantabria cuya capital es Santander.

Salir del valle a ver mundo y contarlo. Dirán los purriegos que ellos de suyo siempre fueron muy viajeros y curiosos por saber lo que hubo en el mundo fuera de sus fronteras. Mejor que yo otros podrán contar los pasos de algunos de sus paisanos en senderos de aventuras extranjeras.

Yo sólo vengo a hablar del libro, de un libro pequeño y muy saleroso. No ganaría el premio nacional de poesía nuestro Don Francisco de Cossio Gómez. Pero si un lugarejo en el corazón de las gentes. De sus gentes seguro. Aquellos para quienes escribió sus versos, buenos y regulares, y el cariño del valle de quienes lo habitan y de quienes siempre de paso por  ellos los estimamos nuestros. Encariñarse por los lugares que uno cruza. Calidad del viajero que tiene raíces en el aire. Muchas son las raíces del caminante.

“Pero en que vamos a dar
Yo soy amante del verso
Nacido en el Universo
Para andar y navegar.”

Sigue nuestro y medita,  viajero en  su singladura de días continuados  de  malas condiciones meteorológicas  y después de contar sus vivencias cotidianas como pasajero. Se plantea esta reflexión:

“Todo el que piense en el Mundo,
sin sufrir, ser apreciado,
vive muy equivocado,
no he conocido a ninguno
por la tierra que yo he andado.”

Y concluye su primera parte al término del trayecto. Cuando después de dar hora exacta de su avistamiento de tierra cubana.

“A las doce de la noche
Del día ocho de febrero….
…………………………………..
La Habana a través del mar
La habana de los ensueños.”

Quedan una segunda parte y un prólogo.  Así lo titula.  
(Continuará.)